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Cultura y Política.
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A+ A- Guillermo H. Zúñiga Martínez
En múltiples ocasiones he señalado que las instituciones están muy por encima de las actitudes negativas de quienes las representan. Es hasta incomodo leer y releer a algunos articulistas, columnistas y editorialistas que escriben u opinan, a veces involuntariamente y otras con mala fe, que muchos de los males de este país se deben a la existencia y desarrollo del
Partido Revolucionario Institucional . Esa es una falsedad descomunal, porque quienes han defraudado los principios y la práctica que avivan a tan importante organización, han sido algunos de sus representantes.
Lo anterior tiene que ver con lo que está sucediendo actualmente. Intereses de carácter político y económico se mueven, agitan y escurren por los medios de comunicación y en discusiones informales sobre lo que significaría que el PRI volviera nuevamente a dirigir los destinos de la nación. Los actores se dan con todo, unos aprovechando el inmenso capital que mal administran, producto del esfuerzo de trabajadores honrados; y otros por los vínculos que mantienen con las cúpulas que amasan fortunas con base en negocios productivos. Pero el colmo es acusar de lo que pasa a un personaje político que los espanta, inquieta y preocupa como es quien ha derrotado al peje en dos oportunidades,
Roberto Madrazo Pintado .
En nuestro terruño los ciudadanos pueden aspirar a ocupar cualquier cargo de elección popular, pero tal parece que lo importante es denostar, injuriar, ofender, descalificar, para que los sufragantes se desorienten y empiecen a experimentar hastío respecto de las pugnas domésticas, producto de ambiciones para alcanzar la candidatura a la Presidencia de la República.
Lo que rebasa las reglas elementales de la racionalidad es achacar todo al ex dirigente triunfador del PRI: haber filtrado el número exacto de cuentas bancarias, las transacciones que tienen actualmente en tela de duda el comportamiento del exgobernador del Estado de México, datos precisos de las compraventas de terrenos, edificios, departamentos y residencias que han adquirido éste y su familia, cuando es fácil colegir que esos datos es sencillo conseguirlos cuando se es autoridad fiscal, administrativa o de Seguridad Pública. Pero lo más simple es echarle la culpa a alguien que puede llegar a Los Pinos.
Creo que lo más conveniente en este proceso de selección es que las partes presentaran ante los electores sus planes y programas de trabajo, ideas concretas de sus futuros compromisos y altura de miras en sus propósitos, para que sean los mismos militantes y simpatizantes quienes seleccionen a quién debe representarlos en la próxima contienda de 2006.
Estos fenómenos sociopolíticos tienen mucho que ver con la cultura de nuestro pueblo. Antes no había discusión alguna porque todos sabían que el Presidente en turno nombraba a su sucesor y -equivocado o no- decidía quién iba a ser su beneficiario. México era una especie de monarquía republicana en donde el máximo cargo era hereditario, no por la vía sanguínea, sino por una decisión unipersonal.
Al perder el PRI la Presidencia de la República en el año 2,000 y, lo que parece mentira, también por intervención del Presidente Zedillo, se presentó un vacío y muchos priístas no entendieron que en este período de un gobierno despistado, debieron haber analizado sus propias circunstancias, la teleología de su existencia y las estrategias para reconquistar el poder.
Los priístas están obligados a darle confianza a un pueblo que ya no sabe si reír o llorar, porque de los otros partidos, uno lo quiere descobijar de lo poco que le queda y el otro lo quiere embaucar para conducirlo hacia el despeñadero.
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16/10/05
Nota 38812