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En Contraste.
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A+ A- • Denise Dresser de visita en Córdoba…
Por:
Oscar Coria Reyes .
Este sábado seis de junio la reconocida académica y periodista
Denise Eugenia Dresser Guerra , profesora de tiempo completo del Departamento Académico de Ciencia Política del ITAM, estará presente en la ciudad de los treinta caballeros con motivo del "Primer Encuentro de Productividad" que organiza la Canacintra, donde el tema que aborde será "Porque es tan difícil modernizar México".
La visita de Denise Dresser a Córdoba, será sin lugar a dudas la oportunidad para muchos de conocer de cerca a esta valiente mujer que, sin temor a represalias, manifiesta abiertamente una critica al sistema político, económico y social de nuestro país sin distingo de filiación partidista, religión, profesión u ocupación, muestra de ello es el discurso que dio el pasado veintiocho de enero en el Foro "México ante la Crisis", frente a diputados, senadores, empresarios y funcionarios; Discurso que ha sido distribuido a través de la red y acogido como un reclamo de muchos de nosotros.
Es por eso que ahora me permito dejarles aquí, si aun no han tenido la oportunidad de leerlo o escucharlo, el discurso que pronuncio el pasado día veintisiete de mayo durante la ceremonia de premiación del Premio Nacional de Periodismo 2008 y que va directo a la conciencia del gremio periodístico.
DISCURSO DE DENISE DRESSER PRESIDENTA DEL JURADO DEL PREMIO NACIONAL DE PERIODISMO
Quisiera comenzar recordando cuál es la misión de los medios en cualquier sociedad democrática. "Decir la verdad y avergonzar al diablo", como sugería
Walter Lippmann Ser odiado por todos los bandos. Sentarse frente a la pantalla o ante la computadora y no ser amigo de nadie. Desplegar la honestidad y el coraje para proteger a la sociedad del gangsterismo, venga del gobierno o del sector privado. Ser el Cuarto Poder que escrutina de manera permanente a los otros tres. Ser censor implacable del poder porque esa es la única manera de democratizar su ejercicio.
Y quienes honramos esta noche avergüenzan al Diablo con su trabajo. Ese Diablo que es la impunidad. La corrupción. La complicidad. La desidia. El país donde no pasa nada. Donde hay muchos escándalos pero muy pocas sanciones. Donde siempre hay corruptos señalados pero nunca corruptos encarcelados. Y donde todo esto es normal. Los errores, los escándalos y las fallas y las violaciones no son indicio de catástrofe sino de continuidad. La pederastia protegida por un gobernador o la fortuna ilícita acumulada por un hermano incómodo o las revelaciones de un ex-presidente no son motivo de alarma sino de chisme. No son síntoma de un cáncer a punto de metástasis, sino de una urticaria con la cual el país se ha acostumbrado a convivir. La permanencia en el poder público de quienes violan sus reglas más elementales es lo acostumbrado, tolerado, aceptado.
Pero no para las doce personas premiadas que demuestran el compromiso de llamar a las cosas por su nombre. De descubrir la verdad aunque haya tantos empeñados en esconderla. De decirle a los corruptos que lo han sido; de decirle a los abusivos que deberían dejar de serlo; de decirle a quienes han gobernado mal a México que no tienen derecho a seguir haciéndolo; de mirar al país con la honestidad que necesita; de mostrar que somos mejor que nuestra clase política y no tenemos el gobierno que nos merecemos. 12 premiados que creen en la obligación ciudadana y periodística de vivir en la búsqueda permanente: criticando, denunciando, proponiendo, sacudiendo, creando.
Y que han armado con sus nombres y con sus trabajos una lista con la cual contener el pesimismo; un antídoto ante la apatía; una vacuna contra la desilusión. Una lista de lo mejor de México. Una lista para despertarse en las mañanas. Una lista para pelear contra lo que Susan Sontag llamó "la complicidad con el desastre".
Una lista que celebramos pero que debería impulsarnos a recordar a los que no están aquí. Amado y Philip y José y Roberto y Leodegario y Brad y Francisco y Gregorio y Alfredo y Misael y Guevara y Guadalupe y Raúl y Jaime y tantos más. Nombres de periodistas asesinados. Nombres de editores desaparecidos. Nombres de reporteros amenazados. Señales inequívocas de un país que no puede proteger a quienes se dedican a decir la verdad y desenterrarla. Síntomas de un gobierno rebasado ante un problema que le parece residual. Signos de la impunidad ignorada, la incompetencia institucionalizada, la violencia que parece normal cuando no debería serlo. Una lista que crece día tras día sin que alguien haga algo. Una lista de hombres y mujeres cuyo destino fatídico revela lo peor del sistema político y el andamiaje institucional.
México entre los 15 países del mundo más peligrosos para ser periodista. México comparable con Iraq, Rusia, Colombia, Bosnia, Rwanda, Sierra Leone, Somalia, Afganistán. Donde cargar con una grabadora o una cámara de televisión o una libreta puede ser una actividad de alto riesgo. Donde hacer preguntas incómodas puede acarrear consecuencias mortales.
Por ello, el Comité para la Protección de Periodistas manda un reclamo al gobierno de Felipe Calderón. Porque México produce cada par de meses su propia versión de Anna Politovskaya, la periodista rusa asesinada por incómoda, preguntona, insistente. Y porque al igual que en Rusia, aquí no pasa nada. Algunos exigen justicia para los casos pendientes mientras la mayoría ni los recuerda ya. Uno más.
Sí, uno más y ése es el problema. Cada periodista asesinado debería ser un recordatorio; cada comunicador asediado debería ser un llamado de atención. En México la libertad de expresión no es una realidad celebrada sino un anhelo incumplido. En México la libertad de prensa existe de manera intermitente y con frecuencia precaria. Basta con examinar lo que ha ocurrido con El Imparcial de Hermosillo, El Despertar de la Costa de Guerrero, El Gráfico de Oaxaca, el semanario Ecos de la Cuenca de Michoacán, el diario Tabasco Hoy de Tabasco, el Diario de Noroeste de Sonora, el periódico El Mañana de Reynosa. Todos con una historia de intimidación qué contar; muchos con un colega muerto al cual hubo que enterrar. Un colega que hizo la pregunta equivocada, o escribió sobre el personaje innombrable, o evidenció al político corrupto, o señaló al gobernador coludido, o exhibió al policía cómplice. Un colega que simplemente hizo su trabajo: confrontar al poder con la verdad. Ser el Cuarto Poder que vigila a los otras tres. Seguirles la pista a los capos de la droga y a quienes se rinden frente a ellos. Ser el que señala al Diablo.
Tareas peligrosas en un país donde todos se salen con la suya y pocos pagan un precio. Tareas de vida o muerte en un país donde la impunidad prevalece y el castigo parece no existir. Ante esa visión - extendida, enraizada - es necesario alzar una voz de alarma. Doblar las campanas y tocar los tambores. Decir que la indolencia gubernamental merece ser condenada y la complacencia social también.
Denunciar a medios - que a través de la pantalla de televisión - con frecuencia coluden con el poder en vez de escrutinarlo. Evidenciar a un presidente acorralado, una clase política cómplice y constantemente subyugada por intereses creados. Exigir el replanteamiento del papel de las televisoras que debería ser motivo de preocupación porque su conducta anti-democrática implica retroceder parte del camino andado y que tanto trabajo costó trazar.
Con costos para un democracia incipiente. Con costos para una ciudadanía naciente. Con costos para un periodismo que debería profesionalizarse.
Porque los sistemas cerrados y coludidos impiden el diálogo y el debate sobre temas públicos que afectan la vida y el carácter de una nación. Porque la censura que vimos por ejemplo en el caso de la conversación entre Carmen Aristegui y Miguel de la Madrid, refleja la falta de confianza de un país en sí mismo y en la capacidad de discernimiento de sus habitantes. Porque el periodismo del cual se enorgullecen quienes lo practican se nutre de la crítica justa e inteligente, no al revés. Porque la censura y la manipulación de la información - como escribiera
George Bernard Shaw - existen para prevenir que alguien rete a las concepciones prevalecientes y a las instituciones existentes. Pero el progreso se da justo con el reto a las concepciones prevalecientes y a las instituciones existentes. El progreso se da avergonzando al diablo, no aliándose con él.
Y por ello hay que celebrar a quienes rehúsan hacerlo. Doce personas que logran cosas extraordinarias; que hacen más que pararse en fila y en silencio. Individuos que pelean por los derechos de quienes ni siquiera saben que los tienen. Ellos y tantos más, héroes y heroínas de todos los días. Ombudsman cotidianos.
Yo creo que mientras existan individuos así - encendidos, comprometidos, preocupados, creativos - el contagio de su buen trabajo continuará, poco a poco, y a empujones como todo lo que vale la pena. La exasperación de los ciudadanos construirá cercos en torno a los políticos. El monólogo de los líderes se convertirá en el coro de la población. Los culpables serán castigados. Los corruptos serán investigados. Los ciudadanos serán escuchados. Y México ese día será otro país, otro. Gracias a quienes se atrevieron a confrontar al Diablo y desterrarlo.
Comentarios, críticas o sugerencias: oscar_coria4@hotmail.com
05/06/09
Nota 71882